jueves, 20 de febrero de 2014

Doble Seis

Tiró lo dados nuevamente, necesitaba ese doble seis. Había estado esperando por ese doble seis unos cinco o seis meses desde que empezó a jugar.  
Doble cinco. Doble cinco significaba full house y eso le bastaba para ganar. No. Era necesario que saliera ese doble seis.
Volvió a juntar los dados en el vaso. Era su turno de nuevo. Uno-dos-tres- cuatro-seis. Cualquiera hubiera ido por la escalera, estaba prácticamente servida.  Tomo aire, peinó su cabello hacia atrás usando sus dedos. Ante la mirada expectante y estupefacta de todos, tomó los cuatro dados y volvió a tirar.
"Seis, seis", pensaba una y otra vez, y se repetía incansablemente que no importara cuan difícil le resultara, iba a conseguir lo que quería.
Con un estruendo colocó el vaso boca abajo y dejó caer los dados que este contenía. Seis-cuatro-seis-cinco.  Y todo se reducía nuevamente a ese doble seis. Esa bendita combinación de dados que había estado buscando incansablemente y que seguía sin poder conseguir.
Le costaba tanto entender por qué no podía sacar doble seis. Sus amigos lo habían hecho, sus padres lo habían hecho, sus profesores lo habían hecho. Algunos más, algunos menos, pero todo lo que veía a su alrededor era gente que había conseguido el maldito doble seis.
Y pasaron los días, y pasaron los años, y pasaron los cincos, los cuatros, los tres, los dos, los unos...pero nunca un doble seis. Entonces dejó que pasaran, sin importar cuantas partidas pudiera haber ganado o cuánto tiempo pudiese haber ahorrado.
Un día, mientras el cansancio y la frustración consumían su alma, decidió dejar de jugar. Esta sería la última vez que recogería aquel condenado vaso con los dados. Se resignó de tal modo que ni siquiera sacudió en la forma que acostumbraba antes de tirar. Simplemente volcó los dos desdichados dados sobre la mesa.
Desde la superficie lustrosa le sonrió por fin aquello que había esperado tanto tiempo.
Doble seis.
"GENERALA" Gritó a todo pulmón. Solo el eco de su propia voz le contestó. Miró a su alrededor  y no vio más que oscuridad. El silencio invadía la sala y la soledad corrompía su mundo. Comprendió que el esperar pacientemente por algunas cosas, no significa que valga la pena hacerlo.



1 comentario:

Para un escritor es importante saber si no tiene que dejar la pluma y agarrar el plumero, por favor comentá qué te pareció!