martes, 10 de septiembre de 2013

Inspírame

Completando asuntos pendientes en mi carpeta de "Originales sin terminar". Este surgió de un sueño que tuve. Quizás le falte pulir detalles,me compliqué la vida sola por no querer ponerle nombre al personaje principal. Sencillamente me quedé sin ganas de releerlo en frio. Lo editaré cuando llegue el momento...

Inspirame. 
 “Eric salió de su casa intentando escapar de su encierro….” –Y probablemente del hecho de que su nombre era ‘Eric’- dijo en voz alta mientras arrancaba la hoja del cuaderno y la arrojaba al cesto de basura. Nunca había tenido tantos problemas para escribir en su vida. Normalmente él solo se sentaba frente a ese escritorio y las palabras salían de su lápiz sin que se lo pidiera. Hacía ya dos días que no se movía de esa bendita habitación, buscando en si mismo algún rastro de inspiración que lo sacara de semejante limbo.

Miró a su alrededor. Quizás no vendría mal un cambio de escenario. A través de la ventana, vio el parque. No parecía una mala idea. Aire fresco, niños jugando, animales corriendo y probablemente una que otra señorita que le oficiara de musa.  Cargó su cuaderno en la mochila y salió.
Caminó un par de cuadras, mirando hacia el piso. Había vivido tanto tiempo en esa ciudad que ya ni necesitaba prestar atención para llegar al destino que se propusiese.
Llegó al parque y se sentó bajo la sombra de un árbol. Quiso sacar su cuaderno pero una necesidad imperiosa de cerrar los ojos lo abrumó. Puso su cabeza entre sus rodillas y así permaneció un rato…Paz y tranquilidad. Paz y tranquilidad ¿Paz y tranquilidad?
Levantó su cabeza, un tanto alarmado. Era cierto, desde que salió de su casa todo había sido paz y tranquilidad. Ni un auto, ni un perro, ni un niño, ni un pájaro. Todo se había detenido. “Quizás es un sueño” dijo, sin extrañarse y volvió a esconder su rostro entre sus manos.
Desde la distancia llegó a sus oídos un leve chillido de cadenas oxidadas. Como si algo estuviera acercándose muy lentamente. Y así era.
El débil ruido se hacía cada vez más fuerte y, ¿se atrevería a admitirlo? Si: Más fuerte y más tenebroso.
Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando, por fin, pudo identificar la fuente del sonido: a lo lejos una bicicleta se estaba acercando.
No era tanto la bicicleta y su espectral sonido lo que lo aterraba, sino  el ser que la montaba. Un hombre viejo y extraño, vestido íntegramente en harapos grises. Su cabello, largo, canoso y enmarañado, caía sobre sus hombros y se fundía con su espesa y enredada barba.  Su sonrisa era lo más perturbador: amplia, con una mueca casi sobrehumana, mostraba todos los amarillentos dientes (o eso mostraría si la dentadura estuviera completa). 
El hombre lo miró fijamente, sin dejar de sonreír. Él creyó que aquel extraño iba a hablarle, pero no lo hizo. Solamente extendió su mano hacía él. Era una mano huesuda y llena de verrugas, con uñas largas y sucias.
Lo pensó dos veces antes de estrecharle la mano al anciano, pero por el desagradable aspecto que este tenía, consideró que lo mejor iba a ser darle lo que quería y terminar con tan incomodo encuentro de una buena vez.  Apretó con firmeza la mano de aquel hombre y sintió cómo esas desagradables uñas se hincaban suavemente en su carne.
El viejo soltó su mano y lo volvió a mirar al tiempo que comenzaba a pedalear su bicicleta...alejandose hasta perderse en el horizonte.
El parque se desvaneció de repente y él despertó sobre su escritorio, empapado en sudor. El papel con la historia sobre el tal Eric aún abollado entre sus manos, ahora mojado en una mezcla de transpiración, saliva y un poco de café que había derramado al despertar.
Entonces ocurrió. Comenzó a escribir como si su vida dependiera de ello. Tomó el lápiz y escribió…y escribió, y escribió… Las palabras salían casi sin que él las pensara.
Y así terminó un cuento, y luego otro…y después uno más. Las ideas parecían no tener fin.
Escribió novelas y sonetos, poemas y reseñas, cuentos cortos, cuentos largos, de terror, de romance, de fantasía… uno tras otro, sin parar.
Los papeles comenzaron a acumularse en la pequeña habitación del departamento. Las hojas del cuaderno se acabaron, y él comenzó a escribir en las paredes.  Las paredes se terminaron y entonces escribió en el piso. Una vez que el piso estuvo lleno, optó por llenar los muebles de sus encantadores escritos…y así comenzaron a pasar los días…
Los hombres de blanco irrumpieron en la habitación pasada una semana y tomaron al escritor por la fuerza. Lo encerraron en una cómoda habitación de paredes acolchonadas y lo miraron preocupados. Era el tercer caso en un mes.
Dicen que la inspiración es algo que llega en cualquier momento, pero nunca nadie dijo de donde viene…o cuando se irá.

1 comentario:

Para un escritor es importante saber si no tiene que dejar la pluma y agarrar el plumero, por favor comentá qué te pareció!